“El fútbol es solo la excusa para echar el rato, pasarlo bien y conocer gente maravillosa que te llevas para toda tu vida”

En los campos de tierra y césped artificial de barrios como Alcorcón, Vallecas, Lavapiés o Usera, no solo se juega al fútbol: se construye algo mucho más importante. Se tejen vínculos. Se aprende un idioma común que no se enseña en los colegios. Madrid, que acoge a más de un millón de latinoamericanos, ha hecho del deporte (y en particular del fútbol) una herramienta poderosa para la integración. Integración también de los niños migrantes que llegan a la capital con la esperanza de empezar una vida mejor.

“Yo me integré gracias al balón”

Luis Ángel llegó a España con 14 años, procedente del Perú: “Vine porque ya tenía familiares aquí. Entré en tercero de la ESO”, recuerda. Como muchos otros adolescentes migrantes, experimentó de inmediato el primer gran muro que tenía que romper: el lenguaje. No tanto el idioma en sí, sino las pequeñas trampas del uso cotidiano. “Las mismas palabras que yo utilizaba allá, aquí significaban otra cosa. Era confuso. Pero poco a poco me fui adaptando”, cuenta en los momentos previos a uno de sus entrenamientos con el Moratalaz.

Su salvavidas fue el fútbol: “Yo ya jugaba desde los 6 años. Al llegar aquí, me apunté a un equipo. Había gente de todo el mundo, aunque sobre todo españoles. Me ayudó muchísimo. Además del colegio, ya tenía otro grupo, y eso me mantuvo activo, conectado”, explica con una sonrisa. Luis Ángel aún conserva amigos de aquellos años y no duda: “Sin el deporte, mi vida aquí habría sido muy diferente. El fútbol te da oportunidades que van más allá de lo deportivo”.

Más que un club: Unión Deportiva Juventud

Es muy fácil hablar con una persona que tiene todo tan claro, aunque se complica más si de fondo, y durante la entrevista, tienes una jauría de niños gritando y jugando. Luis, mirándolos, se ve a él mismo hace 12 años. “Ves a todos estos chicos y te dan ganas de hablar con ellos. Me gustaría que abracen la nueva sociedad y la nueva cultura. Aprender las diferencias, entender los lazos históricos. Al final, hay más cosas que nos unen que las que nos separan”.

Esa unión que menciona Luis Ángel no es solo una idea bonita. También es una realidad palpable en clubes como la Unión Deportiva Juventud, situada en Alcorcón. Allí entrena David, que además coordina equipos de niños pequeños. “En mi equipo de chavales de 8 años, de los 11 jugadores, 6 son chicos latinos y 3 tienen ascendencia musulmana”, cuenta. “No somos de esos clubes que crean futbolistas. Nosotros creamos personas”.

David no se mide en victorias ni en goles. Lo que le preocupa es cuando un niño llega triste al entrenamiento porque aún no tiene amigos en el colegio. “Ahí es cuando tienes que actuar. Aquí todos jugamos, todos formamos parte. El fútbol es solo la excusa para echar el rato, pasarlo bien y conocer gente maravillosa que te llevas para toda tu vida”.

Un espacio seguro para comenzar de nuevo

La U.D. Juventud se nutre del boca a boca, de convenios con colegios, y de organizaciones como Cruz Roja o los Servicios Sociales. Este año han incorporado a más de 50 niños nuevos, en su mayoría de origen colombiano y peruano. Para muchas familias recién llegadas, este club representa el primer espacio seguro en el que sus hijos pueden expresarse sin miedo a no encajar.

Varios jugadores del Club Argentino de Fútbol celebran un gol en el Centro Deportivo La Garena | Foto cedida por Club Argentino
Varios jugadores del Club Argentino de Fútbol celebran un gol en el Centro Deportivo La Garena. Foto cedida por Club Argentino

Además, la barrera económica no representa un obstáculo. “El único gasto que tienen los padres es la equipación, que cuesta unos 150 euros al año. Y si no pueden, lo cubrimos gracias a colaboradores”, afirma David. “Aquí si quieres jugar, juegas”.

Tras un largo suspiro, que dejaba entrever un tema sensible para la Unión, David contaba orgulloso uno de los casos que más le ha marcado durante su trayectoria en el club. “Tenemos un chico que perdió a su padre hace dos años en Colombia, cuando él tenía 6 años, por un cáncer. Llegó aquí con su madre y enseguida empezamos a trabajar con él”.

“Lloraba incluso si ganaban, estaba apático y la frustración le llevaba a perder los nervios”

Según relata, el niño lloraba incluso si su equipo ganaba. Estaba apático y la frustración le llevaba a perder los nervios. Sin embargo, todo empezó a cambiar. “Al mes de empezar en el equipo marcó su primer gol. Todos sus compañeros se acercaron a mantearle y felicitarle. Creo que ese 20 de abril de 2024 fue el primer día que vi a Esteban sonreír. Ahí te das cuenta de que lo que haces sirve para algo”.

Alejar la presión, acercar la felicidad

Esa presión que muchas veces acompaña al deporte infantil, y que en ocasiones se ve amplificada en los procesos migratorios por las expectativas de éxito, es precisamente lo que estos clubes intentan eliminar. “Aquí nadie te exige llegar a primera división. Lo único que queremos es que salgas del entrenamiento un poco más feliz de lo que entraste”, afirma David.

La experiencia de la U.D. Juventud refleja una realidad más amplia. En España viven más de 570.000 niños y adolescentes migrantes, según datos oficiales de 2023. Solo de nacionalidad colombiana hay más de 53.000 menores. Muchos llegan con historias de duelo, desarraigo y dificultades para adaptarse a nuevas rutinas. En ese contexto, el deporte se convierte en una herramienta poderosa de inclusión y bienestar emocional

Club Argentino: la pasión como puente

“La integración de los argentinos en la comunidad española es uno de los puntos fundamentales de la creación del club“, profundiza el presidente del Club Argentino de Fútbol, Adrián Varela. Este equipo de fútbol, ubicado en Alcalá de Henares y campeón de Segunda Regional, ha reunido “tanto argentinos como españoles unidos por una pasión por el fútbol”. Así lo declara el expresidente del departamento de Relaciones Internacionales de River Plate.

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En esta ocasión, este equipo de reciente creación -fundado en 2023- aspira a lo siguiente: “Conseguir un espacio físico que nos permita crear el club en términos reales”. Entonces, la “expectativa de crecimiento es alta”, confía, y mantiene en que van incrementando las “posibilidades de sumar más patrocinadores e incluso tenemos hoy la posibilidad de abrir una membresía de socios”. 

Por tanto, la histórica relación de los argentinos con el fútbol también tiene cabida en la Comunidad de Madrid. Allí, muchos aficionados asisten a los partidos. Dos de sus principales jugadores son hermanos del delantero del Atlético de Madrid, Julián Álvarez: Agustín y Rafael.

Por último, el presidente del Club Argentino agradece e invita a otros inmigrantes de América Latina. “El resto de los latinoamericanos que puedan sentirse atraídos por la identidad del fútbol argentino también están invitados a sumarse. Es lógico que se acerquen”, afirma.

¿Y ahora qué?

En un país donde uno de cada tres menores migrantes vive en riesgo de pobreza, la xenofobia aparece de vez en cuando. A veces está en discursos políticos, otras en la grada. Estos clubes representan una resistencia activa. Son el lugar donde nadie es extranjero, mientras haya ganas de jugar.

Los entrenadores, voluntarios y coordinadores son, en el fondo, arquitectos de una ciudadanía compartida, que no se mide por papeles sino por pases. Si hay algo que estos espacios tienen en común, es la certeza de que el deporte no solo mejora la salud física. También es un salvavidas emocional, una brújula social y, para muchos niños migrantes, la primera palabra del nuevo idioma que tienen que aprender: el de la pertenencia.


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